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Creemos que la vida de santidad es el llamado supremo de Dios para todo creyente. La santidad es un estado, como también un proceso. Es un estado por cuanto somos santos desde el momento en que decidimos entrar en la familia de Dios. Es un proceso en cuanto nuestra naturaleza pecaminosa necesita ser purificada hasta llegar a la plenitud del conocimiento de Dios.
Creemos que es posible ser completamente victoriosos sobre el poder del pecado mientras vivimos. La “entera santificación” se opera en los creyentes como un acto subsecuente al perdón de los pecados aplicado en el corazón por los meritos del sacrificio de Cristo y administrado por el Espíritu Santo. En este sentido distinguimos tres instancias de la santificación:
Santificación Inicial
Es la categoría de santos que nos otorga Dios cuando nos convertimos al evangelio, la cual significa que hemos sido separados para el servicio de Dios. La recibimos cuando tomamos la decisión de dejar la vida pecaminosa y comenzamos a amar, servir, respetar y adorar a Dios. Para que Dios opere la santificación inicial, se requiere el arrepentimiento y la fe.
Éxodo 31:13. Levítico 20:8; 21:8; 11:44- 45. Isaías 1:18. Ezequiel 36:25-26. Marcos 12:10. I Corintios 1:1-2, 22; 6:11. Efesios 1:13. Hebreos 10:1. I Pedro 1:15-16.
Entera Santificación
Es la experiencia por la cual el Espíritu Santo purifica la naturaleza pecaminosa y los motivos del creyente. El requisito para esta operación es la consagración y la fe. Se opera cuando el creyente se da cuenta que tiene una lucha interna, un corazón dividido y que necesita renunciar a ser dominado por su naturaleza pecaminosa y a luchar en sus propias fuerzas. A esta experiencia también le llamamos “llenura con el Espíritu Santo”, “Amor perfecto”, “bautismo con el Espíritu Santo”, “entera santificación”.
Deuteronomio 30:6. II de Crónicas 7:1. Isaías 1:18. Jeremías 31:31-34. Ezequiel 36:25-27. Malaquías 3:2-3. Mateo 3:11-12; 5:1 – 7:29. Lucas 1:74-75; 3:16-17; 5:8, 43-48; 22:37-40. Juan 7:37-39; 14:15-23; 15:1-11; 17:6-20. Hechos 1:5; 2;1-4; 15:8-9. Romanos 6;11-13, 19; 8:1-4, 8-14; 12:1-15:3, 9-21; 13:8-10; 15:29; I Corintios 9:24-27. II Corintios 6:14-7:1. Gálatas 2:20; 5:16-25. Efesios 3:14-21; 5:17-18, 25-27. Filipenses 3;10-15. Colosenses 2:20-3:17. I Tesalonicenses 3:13; 4:3;7-8; 5:23-24. II Ti. 2:19-22. Hebreos 4:9-11; 6:1; 10:10-17, 19-25; 12:1-2, 14; 13:12, 20-21. I Pedro 1:15-16, 22; II Pedro 1:1-11; 3:18. I Juan 1:7,9; 3:3; 4:17-18.
Santificación como perfeccionamiento del carácter cristiano
La experiencia de santificación como limpieza o purificación es un proceso a partir del momento crítico de consagración. El proceso consiste en una operación constante que se experimenta mediante la obediencia continua del creyente a la voluntad de Dios. El requisito indispensable para disfrutar de este proceso hacia la madurez cristiana es “llevar la cruz de Jesucristo cada día y seguirle”. Significa ser obediente de una manera consistente y decidida. El requisito es la obediencia.
Salmos 51:2; 119:9. Mateo 5:8. Juan 15:3. I Corintios 9:24-25. Efesios 5:26. Hebreos 6:1. Filipenses 3:13-14. II Pedro 3:18.




























